Litoral (Condado Litoral)

Ecosistema: Litoral. Comarca: Condado Litoral / Huelva / Andalucía

Incluye múltiples hábitats terrestres presentes en las llanuras costeras, islas e islotes como las playas arenosas o de acantilados, campos de dunas, estuarios... y hábitats marinos constituidos por aguas someras y confinadas o semiconfinadas. El ecosistema Litoral ha sido fuente de multitud de recursos alimenticios y materias –pesca, marisqueo, arenas–, y medicinales, como baños terapéuticos.

Frutos, hojas y leñas
Siguiendo a Cobo y Tijera presentamos una pequeña introducción a la recolección de plantas silvestres en Doñana, intentando destacar algunas especies según su ámbito de uso. La búsqueda, inventariado e identificación de la flora empleada por hombres y mujeres representa una valioso registro de la cultura tradicional, siendo vital para comprender el aprovechamiento, gestión y funcionamiento de este ecosistema.
Entre las plantas silvestres consumidas en crudo podemos citar varios ejemplos. Eran muy comun la recolección de frutos como la bellota de encina, las piñas (principalmente de pino piñonero; Pinus pinea) o los madroños (Arbutus unedo). Las moras (Rubus ulmifolius) y las camarinas (Corema album) eran recogidas en gran cantidad y muchas veces se vendían en poblaciones cercanas. Para evitar el zarzal y las víboras (Vipera latastei) que se refugiaban allí en verano, se cruzaban dos escaleras que evitaban las puyas. Otros frutos que aún se siguen recogiendo y vendiendo por los pueblos son los higos atunes o chumbos (Opuntia maxima ; Opuntia dillenii), recogidos en contra del viento y con una caña para evitar las finas espinas, y la uva palma, fruto del palmito (Chamaerops humilis) del que se aprovechan además otras partes. En cuanto al consumo en ensaladas de plantas silvestres, muchos tenían reparos en comer berros (Rorippa nasturtium-aquaticum) y lechuguillas o pamplinas de agua (Samolus valerandi) que crecen en zonas húmedas por temor a contraer parásitos. Otras especies empleadas son las cerrajas (Sonchus oleraceus) y verdolagas (Portulaca oleracea). Cuando el hambre apretaba o como simple entretenimiento se recurría en la marisma a morder la base carnosa de los tallos o el rizoma fresco de bayuncos, castañuelas y candilejos (Juncus subulatus).

Para la elaboración de multitud de guisos se recogían decenas de plantas como los cardillos o tagarninas (Scolymus hispanicus), collejas (Silene vulgaris), borrajas o almorrazas (Borago officinalis). Las romazas o espinacas (p. ej. Rumex crispus y R. pulcher) y los espárragos (Asparagus acutifolius) son especies que siguen teniendo importancia; aún hoy son muy apreciadas y suponen un suplemento a la renta de algunas familias. Suelen prepararse mediante una técnica tradicional que recibe el nombre de “esparragá”. Las tagarninas y las collejas también continúan siendo muy apreciadas.

Como condimentos esenciales de la cultura de Doñana podemos mencionar el hinojo, romero, o el tomillo carrasqueño (Thymbra capitata). En cuanto a las bebidas, la achicoria (Cichorium spp.) se utilizaba para preparar el “café de achicoria” y algunas otras como el almoraduz o mejorana (Thymus mastichina subsp. donyanae), poleo (Mentha pulegium), tila o majuelo (Crataegus monogyna) o las hojas de la zarzaparrilla (Smilax aspera) se utilizaban con uso medicinal o simplemente para tomar algo caliente. Una de las plantas medicinales más reputadas de la zona, utilizada para las infecciones oculares, es la hierba junciana o hierba palo (Lotus castellanus Boiss. & Reut. in Boiss.), común en los arroyos de Doñana donde se desarrolla con grandes tallos.

Por citar brevemente otros usos, podemos mencionar las cestas y canastos fabricados con caña y mimbres (Salix atrocinerea). La palma o palmito (Chamaerops humilis) proporcionaba la materia prima para elaborar muchos útiles como cuerdas, escobas, correas o carteras. Dentro de la multitud de especies utilizadas en los ámbitos festivos y decorativos están el romero, la juncia (Carex spp.) y la enea (Typha domingensis ; T. angustifolia ; T. latifolia) utilizados para engalanar las calles de muchos pueblos durante el Corpus.
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Huevos y pequeños animales
Los hueveros
La recolección de huevos de aves acuáticas era una actividad extendida por los pueblos marismeños, generalmente dirigida al autoconsumo y con poca importancia comercial. Al igual que los “manconeros” y “gallareteros”, los “hueveros” centraban su actividad en la zona sur, preferida por las aves para nidificar. Los huevos más deseados eran los de gallareta o focha, pero también se recogían de otras especies de patos, cigüe.uelas (Himantopus himantopus), charranes (Chlidonias spp.) y pajarillas (Philomachus pugnax). La gallareta construía sus nidos junto al agua, formando hasta cuatro “andanas” o capas, con las que conseguía adaptarse al nivel cambiante de la marisma y volvía a poner huevos sin mucho problema cuando se los quitaban.
Las gallaretas nidifican en grupos y los hueveros aprovechaban la pleamar para entrar por los caños de la marisma hacia esas zonas. Normalmente cruzaban en el cajón o dornajo. No llevaban nada más que este dornajo y una cesta de mimbre, o recipiente similar, para colocar los huevos. A veces se juntaba una cuadrilla para pasar el río en una embarcación de mayores dimensiones, pero esto no era lo común ya que muchos cruzaban el río en solitario con cuidado de no ser detectados por los guardas.
Con la llegada de las temperaturas primaverales, generalmente a principios de marzo, la gallareta comenzaba a poner y se hacía una primera incursión para coger algunos huevos y localizar las manchas de nidos. Este periodo solía durar un mes y medio, hasta que la proporción de huevos empollados desaconsejaba la actividad. Los huevos de otras especies solían ser algo más tardíos, con lo que el periodo de recolección podía durar dos o tres meses. Los hueveros buscaban manchas con nidos simultáneos, es decir, que estuvieran todos los huevos sin empollar (“claros”) y siempre dejaban algún huevo para que el animal continuara poniendo. Había dos técnicas para saber si el huevo estaba huero (“vacío”, sin empollar). La primera era por el brillo, ya que los huevos empollados brillaban más por el roce de la madre, pero los huevos recién empollados también brillaban poco. La segunda era más fiable y consistía en “catarlos” en agua templada y quieta; si al meter el huevo en el agua se quedaba tendido, estaba huero, si se ponía de punta, estaba empollado.
Los hueveros solían pasar dos o tres días recolectando y utilizaban el dornajo boca abajo para dormir o se echaban una manta para protegerse. Podían recogerse entre 500-1000 huevos por persona y día. Para los huevos que se recogían con licencia, el menor de los casos, se aplicaba el sistema de “la tercera”, donde una tercera parte de los huevos recogidos iban para el guarda que se los entregaba al recovero. En este caso eran solo de gallareta para no perjudicar a las especies de importancia cinegética. Actualmente, con las figuras de protección del Parque, está prohibido recolectar huevos.
Nos queda por describir la técnica de recogida de huevos desde el caballo, siendo necesario destacar que esta no era propia de los hueveros sino de algunos ganaderos o pateros que utilizaban habitualmente el caballo. Era, simplemente, una lata colocada al final de un palo, para poder recogerlos desde el mismo caballo.
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Plantas silvestres, medicinales, aromáticas
Hongos
Otros
La recolección también ha sido una actividad de importancia, aunque hoy en día se ve muy restringida por la legislación del Parque. En el caso de la recolección de huevos, la práctica ha sido prohibida totalmente basándose en criterios conservacionistas.
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